
La cofundadora de Dexory sitúa las necesidades del cliente y la colaboración con las personas en el centro del crecimiento de una empresa de robótica.
Un inventario puede parecer correcto en una pantalla y fallar cuando alguien busca una mercancía. Entre el dato registrado y lo que ocurre en un almacén hay movimientos, errores y tiempo. Dexory trabaja precisamente en esa distancia.
Oana Jinga es cofundadora y Chief Commercial & Product Officer de la compañía. En la conversación publicada por EU-Startups el 3 de septiembre, aborda la evolución del proyecto, antes conocido como BotsAndUs, y el equilibrio entre ambición técnica, necesidades reales del cliente y capacidad para crecer. Su trayectoria incluye responsabilidades de alianzas estratégicas en Google y Telefónica. [1]
Entrevista comentada a partir del resumen público de esa conversación y de documentación de Dexory. Las preguntas se han organizado para esta edición y las respuestas se presentan en estilo indirecto. Las aplicaciones empresariales son análisis editorial de ICEMD.
¿Qué problema empresarial ayuda a entender el trabajo de Dexory?
La compañía combina robots que recorren almacenes con una plataforma de datos que representa y analiza su estado. Su propuesta consiste en comprobar el inventario físico con frecuencia y ayudar a detectar diferencias respecto a los registros. [2]
Para un responsable de operaciones, la pregunta inicial puede ser muy sencilla: cuánto tiempo pasa entre que aparece un error y alguien lo encuentra. Un dato actualizado tiene valor si permite corregir una ubicación, investigar una diferencia o evitar que un pedido se retrase. La calidad de la decisión posterior importa tanto como la captura de información.
¿Cómo se decide qué desarrollar cuando la tecnología permite tantas cosas?
El resumen de EU-Startups destaca la atención de Jinga a las necesidades del cliente al explicar el crecimiento de Dexory. También recoge el reto de mantener esa atención mientras la compañía amplía su actividad, incluida su expansión en Estados Unidos. [1]
Una empresa que esté desarrollando una solución puede trasladar esa idea a su hoja de ruta. Cada nueva función debería relacionarse con una tarea que alguien necesita resolver y con una mejora que se pueda comprobar. Si el cliente no puede explicar para qué le sirve, quizá todavía falte definir el problema.
¿Qué cambia para las personas que trabajan junto a los robots?
Jinga plantea en la conversación una robótica que amplía las capacidades humanas. El resumen también señala su interés por delimitar las responsabilidades de las personas y de la automatización. [1]
En un almacén, eso invita a concretar el reparto del trabajo. Si el sistema señala una diferencia, ¿quién la investiga? ¿Quién puede corregir el registro? ¿Qué sucede si la imagen o el dato no son concluyentes? Las respuestas forman parte de la implantación. Dejar esos pasos sin dueño puede convertir una mejora de visibilidad en una lista creciente de avisos sin resolver.
¿Cómo consigue una herramienta formar parte del trabajo diario?
Un caso publicado por Dexory el 25 de agosto describe la incorporación de su sistema al funcionamiento de FLX Logistics en Peterborough. El almacén opera desde 2023: la fecha reciente corresponde a la publicación del caso, no al inicio de la instalación. El relato de la compañía destaca el uso habitual de la información por parte del equipo para comprobar situaciones y anticipar problemas. [3]
La aplicación para otras empresas está en diseñar ese hábito. Conviene observar en qué momento se consulta el sistema, qué decisión facilita y cuánto tarda el equipo en actuar. Una reunión diaria de incidencias, por ejemplo, puede servir para revisar si las alertas llegan a la persona adecuada. Lo esencial es integrar la información en una responsabilidad existente.
¿Quién puede aportar valor en una empresa de robótica?
La conversación también aborda la diversidad de perfiles necesarios y la apertura del sector a trayectorias comerciales y de datos. El recorrido de Jinga ofrece un ejemplo de cómo la experiencia en alianzas y producto puede trasladarse a una empresa de tecnología física. [1]
Para un profesional, esto permite identificar aportaciones concretas. Alguien que conoce una operación logística puede ayudar a describir sus excepciones. Quien trabaja en atención al cliente puede detectar qué impide usar una solución. Un perfil comercial puede traducir un problema recurrente en una propuesta que la empresa quiera contratar. La especialización técnica necesita encontrarse con ese conocimiento del trabajo real.
¿Qué debería comprobar una empresa antes de ampliar una prueba de robótica?
Desde ICEMD proponemos empezar con un área delimitada y acordar una referencia anterior a la instalación. Algunas medidas útiles serían el tiempo dedicado a buscar mercancía, las diferencias de inventario detectadas y el plazo necesario para resolverlas. Hay que incluir también el tiempo de supervisión y las incidencias del propio sistema.
El equipo debería participar en la evaluación. Puede explicar qué avisos ayudan, cuáles se repiten y qué tareas siguen siendo difíciles. Esa información permite decidir si conviene ampliar el uso, cambiar el proceso o resolver primero un problema de datos.
El recorrido de Jinga invita a prestar atención al encuentro entre producto y operación. Un robot puede resultar llamativo durante una visita. Su utilidad se aprecia mejor un martes cualquiera, cuando una persona encuentra la información que necesita y consigue resolver antes un problema del almacén.
[1] EU-Startups · Ethan Conroy. Interview with Oana Jinga, Co-founder and Chief Commercial & Product Officer at Dexory. 3 de septiembre de 2026.
[2] Dexory. Plataforma de robótica y datos para almacenes. Consultado el 15 de septiembre de 2026.
[3] Dexory. Built in, not bolted on — How FLX Logistics started right. 25 de agosto de 2026.
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