
En una entrevista reciente para Harvard Business School Working Knowledge, Boris Groysberg —profesor experto en talento y organización— ofrece una lección clara y directa para las empresas que quieren ganar en innovación: no es suficiente invertir en tecnología, hay que priorizar la densidad y calidad del talento. Sus argumentos combinan evidencia académica y práctica gerencial: la capacidad de una organización para absorber, aplicar y escalar tecnología depende en gran medida de la concentración y el calibre de las personas que la habitan.
Este artículo recoge lo esencial de esa entrevista y lo convierte en un manual práctico y aplicable: por qué importa la talent density, cómo medirla, qué cambios organizativos exige, y —sobre todo— cómo diseñar un plan de 90 días para mejorarla en equipos que están adoptando IA y modelos de trabajo híbrido.
Groysberg subraya algo que muchos líderes intuyen pero no operativizan: la tecnología es un multiplicador —no un sustituto— del talento. En sectores donde la ventaja competitiva depende de la velocidad para aprender y adaptar (pensemos en IA, producto digital o experiencia cliente), no basta con comprar herramientas: necesitas equipos con la densidad de talento adecuada para extraer valor real de esas herramientas.
En términos prácticos esto significa:
Más impacto por empleado cuando la persona correcta hace la tarea correcta.
Mejores decisiones sobre adopción de stack tecnológico (qué comprar, qué construir).
Menor riesgo de “maldeployment”: proyectos de IA que no generan valor porque no hay talento para transformar output en producto/acción.
Prioriza calidad sobre cantidad: es preferible tener un equipo pequeño y altamente capacitado que muchos equipos medianos con competencias dispares.
Crea contextos donde el talento se potencie: las políticas de trabajo, la estructura de reporting y los incentivos deben amplificar la colaboración entre expertos.
Inversión continua en aprendizaje y rotación inteligente: atraer talento es tan importante como retenerlo y reciclarlo rápidamente hacia los retos más estratégicos.
No hay una única métrica mágica; conviene combinar indicadores cuantitativos y cualitativos:
Indicadores cuantitativos
Proporción de top-performers por equipo (p. ej., % de empleados con evaluación >=90%).
Efecto multiplicador: ingresos / (nº empleados en función crítica).
Time-to-value de proyectos: tiempo medio desde kickoff hasta impacto medible (foco en IA/proyectos digitales).
Indicadores cualitativos
Calidad de decisiones: evaluación por pares sobre complejidad y calidad de decisiones estratégicas.
Velocidad de aprendizaje: número de habilidades nuevas certificadas por empleado en 12 meses.
Red de conocimiento: centralidad/clave de ciertos empleados en la red interna de colaboración (analítica de grafos sobre comunicación).
Groysberg enfatiza que estas métricas deben usarse para diagnosticar y no para penalizar: son herramientas para rediseñar roles y mejorar la formación.
Para traducir la idea a estructura, aplica estos patrones:
Small & Powerful Cores
Formar “núcleos” de alta densidad (2–6 personas) que lideren iniciativas críticas (IA, producto, growth). Estos núcleos actúan como multiplicadores —no como silos— y deben tener autoridad para ejecutar decisiones rápidas.
Fractional Experts y Pods híbridos
Combina talento a tiempo parcial (fractional leads) con equipos operativos. Un fractional CPO o Head of ML puede guiar 3–4 squads sin convertirse en cuello de botella.
Talent Hubs y Rotación Controlada
Crear programas de rotación cada 6–9 meses para que el conocimiento experto se distribuya (no se concentre) y para que más gente “aprenda haciendo”.
Governance Lean
Menos capas de aprobación en decisiones experimentales; reglas claras sobre “experimentos de bajo coste” y escalado rápido cuando hay señales de impacto.
Objetivo: aumentar la capacidad de entrega de proyectos de IA/innovación y reducir time-to-value en un 25% en 90 días.
Inventario de competencias: mapea skills críticos (ML ops, product analytics, UX, data engineering).
Identifica “nodos” de talento: quienes resuelven problemas complejos hoy.
Establece baseline de métricas (time-to-value, % top performers).
Forma 2–3 Small & Powerful Cores con objetivos concretos (ej.: modelo propensity + pipeline de producto).
Recluta 1 fractional senior por core (vía red profesional o consultorías).
Define KPIs por core (impacto, tiempo, handoffs).
Lanza 2 sprints de 2 semanas para cada core (MVPs con impacto medible).
Monta sesiones semanales de “peer review” con expertos externos o fractionals.
Crea microlearning (8h) para roles implicados (data literacy, modelos, experiment design).
Mide impacto vs baseline (upline: time-to-value, resultado de experimentos, ratio ideas→producción).
Rediseña roles: convierte a personas de alto impacto en “trainers” internos.
Plan 6 meses: replicar núcleos en otras unidades o ampliar el core si ROI positivo.
Contratación
En las entrevistas técnicas prioriza problemas reales y pruebas prácticas (mini-proyectos de 1–3 días).
Usa “hiring for density”: busca evidencia de impacto pasado (no solo CV).
Desarrollo
Bootcamps internos de 6 semanas: “model-to-prod” para ingenieros + “decisioning” para managers.
Pares técnicos: un senior por cada 2 juniors en los núcleos.
Retención
Proyectos de alta visibilidad y propiedad real (equity-like incentives para fractionals si aportan resultados).
Rutas de carrera que valoren mentoría y transferencia de skills (no solo gestión).
Groysberg advierte: invertir en talent density implica también aceptar que algunos roles serán substituidos o rediseñados —la honestidad y la comunicación son clave para gestionar estos cambios.
Concentración excesiva: si todo el conocimiento queda en 2–3 personas, el riesgo es mayor. Mitiga con rotación y documentación obligatoria.
Coste elevado: talento top es caro; compénsalo con fractionals, partnerships y formación interna acelerada.
Cultura de élite: evita crear jerarquías “de talento” excluyentes; promueve coaching y mentoría.
Caso rápido — Equipo de Growth en SaaS
Problema: experimentos sin consistencia y baja tasa de producción.
Solución: crear un core de 4 personas (product manager, ML engineer, analyst, designer) + fractional CMO 0.2 FTE.
Resultado objetivo en 3 meses: duplicar el rate de experimentos escalables y aumentar MRR incremental.
Caso rápido — Retail omnicanal
Problema: mala integración omnicanal y decisiones de pricing tardías.
Solución: crear hub de data (2 DS, 1 data eng) con rotación mensual de 1 merchandiser para transferir conocimiento.
Resultado objetivo: mejorar forecast de demanda y reducir stockouts un 15% en temporada.
Boris Groysberg resume un principio que debe ser operativo para cualquier compañía que aspire a competir en la era digital: la ventaja competitiva se construye combinando tecnología con la concentración de talento correcto. Comprar licencias o desplegar modelos no bastan; la diferencia se hace en la densidad de talento que ejecuta, interpreta y convierte output en valor real.
Si tu objetivo es acelerar la adopción de IA, transformar producto o mejorar la capacidad de innovación, empieza por medir quiénes son tus nodos de talento, forma núcleos de alta densidad y diseña un plan de 90 días con objetivos claros y métricas accionables. La tecnología será el multiplicador; las personas, la palanca.
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